*Post-It* ¿Qué clase de música se prefiere hoy en día?

¿Qué música los adolescentes de hoy?

¿Qué música escucha la gente más joven de hoy, los adolescentes? ¿Qué fuentes le sirven para informarse y para llenar sus Ipods? ¿Escuchan la radio? ¿Leen prensa musical? ¿Internet? La ‘cata’ realizada voluntariosamente por dos blogueras, Megg y Marina, en su Mallorca natal e incluida en la entrada ‘Quintas en el pop’, es sumamente interesante y hasta reveladora, impagable incluso. Me ha encantado y la agradezco enormemente. Besos, chicas.

Evidentemente no se trata de una ‘cata’ masiva ni de una encuesta en toda regla. Son simplemente casos aleatorios, pero que, en cierto modo, vienen a reflejar algunas de las peculiaridades musicales de los adolescentes de hoy… Una que me ha sorprendido, bueno, o quizá ha llamado mi atención, ha sido el influjo paterno a la hora de encauzar gustos musicales… Ah, aquellas viejas generaciones en las que no solo NO se nos encauzaba ni en el domicilio particular ni en el instituto o en la Universidad, sino que hasta recibías un rapapolvo y hasta una colleja por escuchar aquellas músicas del diablo. ¡Vaya avance, por lo menos!

Avance que explica la buena y hasta solidísima información que bastantes adolescentes poseen y que tal vez destierre el consabido latiguillo del ‘borreguismo’ general. En todas las épocas hubo quien tuvo interés por saber y conocer y quien se mostró absolutamente apático o se dejó arrastrar por la corriente imperante. Dicho en castizo, horteras y no horteras, enrollados y no, diferentes e indiferentes, siempre los hubo.

En una cosa sí que me parece que ha habido un retroceso con respecto a décadas como la de los ochenta, los setenta y los sesenta: la radio. Entonces, era un medio esencial para descubrir y disfrutar buena música pop. Había programas abundantes, primero en la Onda Media y después en la FM, donde se destilaba información valiosísima, estimulando la inquietud por la música. No es cuestión de hacer listado de grandes programas y de grandes voces -algún día lo haré-, pero desde el mítico Ángel Álvarez a nuestro querido Cachi, la lista es interminable. En estos tiempos, sin embargo, la radio musical ‘formativa’ y entretenida, cuando no especializada, casi es inexistente. En la Onda Media, sobre todo, y salvo el estupendo programa semanal de una hora en Radio Nacional, y a altas horas de la madrugada, de Manolo Fernández, un erial absoluto. Y en la FM: Radio 3, que se coge fatal y desbarra mucho, las ‘emisoras piratas’ y las consabidas radiofórmulas. Afortunadamente, sin embargo, está Internet. Otro mundo.

Bien, no quiero aburrir sacando conclusiones cogidas por hilos, pero sí quiero animar a todo quien me lea a que haga su particular prospección, al estilo de como atinadamente han hecho Marina y Megg, e incluso, algún adolescente que lea este blog, se anime especialmente a contarnos sus gustos musicales. Será muy ilustrativo. Y a lo mejor se entierran muchos tópicos. ¡Venga!

5 Géneros musicales

1. LAS PREFERENCIAS DE LOS JÓVENES Uno de los objetivos principales de esta investigación reside en intentar analizar la forma en que se estructuran los gustos musicales de los jóvenes españoles, tanto en lo que se refiere a la forma en que se relacionan los diferentes estilos musicales entre sí a la hora de conformar tales gustos, como en lo relativo a las posibles variaciones que dichas relaciones entre los géneros musicales pudieran suponer respecto a los contenidos de las búsquedas y expectativas de los jóvenes que se posicionan en uno u otro sentido. El segundo de estos aspectos será objeto de análisis en el capítulo siguiente; antes, a continuación, trataremos de adentrarnos en el primero de ellos: las preferencias que manifiestan los jóvenes en relación a los diferentes géneros musicales y las posibles conexiones entre esas preferencias. Para ello, la primera dificultad con la que nos encontramos de cara a obtener unos resultados nos permitieran abordar el tema, fue la de confeccionar un listado de géneros y estilos musicales que fuera lo suficientemente completo, comprensible y asumible como para permitir preguntar a los jóvenes entrevistados acerca de sus preferencias. Evidentemente, desde un principio se asume la imposibilidad de conseguir un listado de estilos que, a ojos de un experto (o de un simple aficionado, pues en cuestiones como la música todo el mundo tiene un criterio muy personal), resulte tan completo y exhaustivo como para cubrir todas y cada una de las áreas estilísticas en las que se podría parcelar el gusto musical. Por dos motivos principales. Por un lado, porque adentrarse en terrenos tan peligrosos como es el etiquetar estilos musicales resulta una tarea que, invariablemente, irá asociada a la polémica derivada de la visión personal de cada cual: ni todo el mundo clasificará un mismo tema en el mismo tipo de género musical (más aún en tiempos de globalización y fusión), ni una mayor diversificación de los estilos musicales a partir de los cuales posicionarse nos asegurará que las respuestas resulten más precisas u objetivas. Muy al contrario, un listado excesivamente exhaustivo posiblemente propiciaría respuestas mucho más difusas y, sobre todo, difícilmente agrupables, algo fundamental para que el desarrollo de un trabajo de investigación basado en una metodología cuantitativa, como es éste, dé unos frutos coherentes y que respondan a las expectativas. Además, resulta imprescindible tener presente en todo momento que el entrevistado responde al perfil de un ciudadano medio que, por tanto, no tiene por qué estar al corriente de todas y cada una de las corrientes musicales que componen el universo estilístico: ante un listado excesivamente especializado, es muy probable que las respuestas resultaran inseguras. Por otro lado, la propia metodología nos impone unos límites a la hora de confeccionar las preguntas (en este caso, cada estilo musical sería una), que no habrán de ser excesivas si queremos que sean respondidas con interés y calma (o, simplemente, que sean respondidas). Señalamos todo esto porque asumimos la dificultad de contentar a todo el mundo (lectores, analistas, entrevistados) con el listado de estilos musicales presentado, por cuanto no existen criterios científicos sobre los que asentarse, ni excesiva experiencia en investigación al respecto. Algunas de las categorías presentarán en su seno diferentes estilos, muchas veces lo suficientemente diferenciables entre sí como para que alguien pudiera señalar la necesidad de separarlos, o como para que el gusto por unos y otros sea tan claramente diferente que resulte complicado manifestar una respuesta para la categoría en su conjunto. Independientemente de estas consideraciones, que son necesarias en todo caso, hay que tener en cuenta que cualquiera que sea la clasificación tipológica que utilicemos, los resultados que se obtendrán van a responder sobre todo a los criterios semánticos por los que se guían los propios jóvenes a la hora de identificar unos u otros estilos. De hecho, ese es el principal fundamento de las agrupaciones de géneros: permitir la identificación desde claves culturales. Por poner un ejemplo, por muy clara y precisa que pudiera hacerse —desde la investigación teórica especializada— la conceptualización de lo que es “techno house”, lo que cada joven concreto (que no tiene porqué ser especializado en la materia) identifique como tal, se referirá a sus propios parámetros culturales y experienciales, evocando sus propios referentes para la identificación. En este sentido, el concepto de “género” o “estilo” con el que trabajamos remite sobre todo a los modos que se utilizan para categorizar determinadas partes del conjunto de propuestas sonoras que son significativas en las experiencias particulares de los jóvenes. En cualquier caso, el listado responde a los criterios de clasificación más lógicos y completos que ha estado en nuestra mano establecer con las ya citadas limitaciones. Para ello, partimos de los criterios de clasificación establecidos en Jóvenes espa- ñoles 99 (Elzo et al., 1999), que trataba el tema de los jóvenes y la música en uno de sus capítulos. Evidentemente, el presente estudio pretende una mayor especialización de contenidos, por lo que dicho listado, que sirvió como un punto de partida previamente contrastado, fue convenientemente retocado y complementado. En este intento de mejorar el listado acudimos a diversos portales de Internet y tiendas especializadas en la venta de música, a partir de cuyos criterios de clasificación añadimos las necesarias modificaciones (que los entrevistados se encontraran ante un modo de clasificación musical similar al que encuentran cuando van a comprar un disco, seguramente ayudaría a que sus respuestas se guiaran de la manera más natural posible). Con todo esto, y tras realizar un pre-test que ayudó a pulir algunos detalles, elaboramos el listado definitivo. Conviene señalar que, a la hora de establecer las categorías, partimos de un supuesto por otra parte nada gratuito. La tradición de investigaciones sobre la relación entre los jóvenes y la música (nada extensa, todo sea dicho), los datos que ofrece el mercado discográfico y el propio imaginario social al respecto, conducen a que asumamos que existen ciertas músicas que resultan mucho más proclives al gusto juvenil. En concreto, nos referimos a la clásica distinción entre las músicas “para jóvenes” en que suelen constituirse todas las que conforman el amplio universo del pop y el rock, y las músicas etiquetadas como “adultas”, entre las que no sorprenderá incluir al jazz y a la música clásica, por poner un ejemplo. En ningún momento queremos dar pie a que se establezcan dichas categorías como compartimentos estancos, pero no podemos dejar de tener en cuenta tal realidad (cuantitativa y cualitativa) a la hora de elaborar el listado1. Por ello, dicho listado hará más hincapié y será más exhaustivo en aquellos estilos respecto a los cuales los jóvenes (objeto de este estudio) se sienten más cercanos. Es evidente que músicas como el jazz o la clásica cuentan con numerosas corrientes o subgéneros lo suficientemente diferenciados como para que el gusto por unos u otros difiera significativamente. Sin embargo, lo minoritario de su filiación (y, muy probablemente, de su conocimiento) entre el público más joven, no sólo no aportaría mayor información, sino que dispersaría los resultados de manera perjudicial. Por el contrario, en géneros más cercanos a los gustos teóricamente más juveniles, dicha diferenciación entre subgéneros sí podría aportarnos detalles muy interesantes. En cualquier caso, la observación de los datos determinará si estamos en lo cierto. En primer lugar, como datos más evidentes, estamos en disposición de determinar cuáles son los géneros musicales que más gustan a los jóvenes (tabla 5.1)2. Así, de entre los estilos que gustan “bastante” o “mucho”, destacan el pop o pop-rock (le gusta a la mitad de los entrevistados), la música dance (40%), la música latina y la salsa (36%), los cantautores (31%), la música electrónica (30%) y los baladistas y la canción melódica (30%). El resto de estilos presentan aceptaciones bastante por debajo (todas inferiores al 22%)

Tabla 5.1. Preferencias musicales: porcentaje de jóvenes que afirman que les gusta “bastante” o “mucho” cada uno de los siguientes géneros musicales (p<.05)

Pop, pop-rock                                                                    50.1

Dance                                                                               40.2

Latina, salsa                                                                      36.4

Cantautores                                                                       30.7

Electrónica                                                                        29.6

Baladistas, canción melódica                                              29.5

Rumba                                                                              21.9

Flamenco                                                                          21.2

Rock’n’roll, rock clásico                                                      20.0

Hip-hop, rap                                                                      18.0

Rock alternativo, grunge, indie-rock                                    17.6

Indie-pop, power-pop, pop alternativo                                 16.7

Popular o típica de su región o comunidad autónoma          16.3

Reggae, ska                                                                     16.2

Músicas del mundo, étnicas                                               15.3

Rythm&blues, soul, funk                                                     14.9

Heavy, hard rock, metal                                                     14.9

Clásica                                                                             13.7

Rock progresivo, psicodelia                                                11.7

Punk, hardcore                                                                 11.6

New age                                                                           10.3

Jazz                                                                                  9.5

Folk, country, blues                                                            7.3

Total                                                                              1.900

Observando los primeros puestos en las listas de preferencias, podemos comprobar que éstas se reparten entre dos tendencias claras y bien diferenciadas. Por un lado, el pop y toda una serie de sonidos suaves, comerciales y con un talante que podríamos denominar como amable. Destaca sobre todos ellos el pop y el pop-rock, bajo cuya etiqueta se agrupan cantidad de sonidos que suelen aglutinar gran parte de los símbolos que marcan la cultura de lo juvenil, y que suelen copar las listas de ventas y éxitos internacionales (ante estos resultados, no extraña en absoluto). Los cantautores, cuya música tiende también a ser encuadrada en el pop, aportan un matiz quizás más singular en las composiciones, lo cual permite que puedan ser desligados de la gran corriente pop, probablemente en función de audiencias más adultas (en cualquier caso, no conviene olvidar que la asociación que, décadas atrás, se establecía entre cantautores y canción protesta, no responde a la realidad actual). Por su parte, los baladistas y la canción melódica aportan al pop el carácter más romántico y sentimental que buscan sus audiencias. Por otro lado, en estos primeros puestos de preferencias aparecen las músicas bailables, que seguramente son las que protagonizan buena parte de los momentos de diversión en los fines de semana: músicas de discoteca, por un lado (dance y electrónica), caracterizadas por un importante componente electrónico, y música latina y salsa por otro, que incita al baile a través de otros elementos, más cercanas al pop y a folclores propios de países latinos. Por debajo de estos estilos encontramos, en un primer escalón y en torno al 21% de aceptación, dos géneros de similares raíces, como son el flamenco y la rumba (en algunos estudios optan por englobarlos bajo el mismo epígrafe, aunque sus grandes diferencias y las distancias que se establecen entre ellos desde el discurso de los grupos de discusión, nos condujeron a separarlos). Ambos casos presentan singularidades que provocan que tal 21% haya de ser considerado como un resultado muy alto, especialmente si lo comparamos con otros muchos géneros musicales que encontramos bastante por debajo. En el caso del flamenco, porque, igual que puede ocurrir con el jazz o la música clásica (aunque quizás en menor medida), suele ser un género tradicionalmente asociado a esas músicas que antes hemos denominado como “de adultos”, o muy circunscrito a zonas geográficas concretas, además de bastante alejado de los primeros puestos de las listas de éxitos. Seguramente, la diferencia respecto a géneros como la música clásica o el jazz (muy por detrás en cuanto a la manifestación de preferencias) resida en que el flamenco, si bien tiende a ser encuadrado en un universo musical “adulto”, como los otros dos, no tiene tanta connotación de música culta o “elitista” como ellos. Por dos motivos. En primer lugar, porque sus raíces musicales se asientan en una cultura que, además de resultar mucho más cercana, tiene a las clases sociales menos favorecidas en el centro de su creación. Pero también porque los procesos de fusión musical acercan el flamenco a tendencias como el pop o la propia rumba, facilitando enormemente el acercamiento de públicos más jóvenes. El caso de la rumba resulta curioso por cuanto la producción musical de este género no se corresponde con el nivel de aceptación que presenta. Es decir, parece existir bastante más aceptación popular de este género que presencia concreta del mismo en el mercado discográfico. En este sentido, podemos encontrar una explicación que, probablemente, no se aleje excesivamente de la realidad: el que grupos o artistas de gran éxito comercial (aunque sean pocos), integren en su música reconocidas influencias de la rumba, provocará que sus audiencias acepten el gusto por tal estilo (aunque es posible que desconozcan a gran parte de los precursores o artistas más significativos del género, o a cualquier otro músico relacionado con la rumba). Por debajo del 20% de aceptación, y en una horquilla que llega hasta el 10%, se encuentran los sonidos más duros y guitarreros, de mayor o menor grado de carga ideológica, de mayor o menor grado de dureza en su sonido, pero, en cualquier caso, más alejados que el resto de la aceptación masiva y las listas de éxitos. Estilos muy diferentes entre sí (diferente empleo del ritmo, diferente carga melódica, diferentes contenidos en sus letras, diferentes referentes estéticos…), desde el rock más clásico, hasta el heavy metal o el punk, pasando por estilos como el reggae o el hip-hop que, partiendo de raíces musicales muy diferentes a los anteriores, presentan unas connotaciones de música alternativa y transgresora (en términos generales, después cada músico mostrará sus peculiaridades), que propician que compartan ese terreno de aceptación que se encuentra entre el 10% y el 20%. Estos porcentajes llaman la atención teniendo en cuenta la gran asociación que se ha establecido tradicionalmente entre el rock y los jóvenes. Si es cierto que estos sonidos marcaron una generación, los porcentajes de interés que obtenemos parecen demostrar que no es precisamente así en lo que se refiere a la generación actual de jóvenes. Además, en ese mismo terreno encontramos otros géneros bien distintos, como las músicas populares, regionales y étnicas, así como el rythm&blues, el soul y el funk (esta última terna, pese a estar compuesta por géneros que tradicionalmente funcionan bien en las listas de éxitos, probablemente vea reducida su aceptación al 15% por tratarse de estilos cuya audiencia mayoritaria presenta una media de edad algo superior a la de nuestros entrevistados). En los últimos puestos de esta lista de gustos juveniles se encuentran esos géneros que, como ya hemos señalado anteriormente, suelen estar relacionados con el mundo adulto: clásica y jazz, aunque la música clásica presente un nada despreciable y un tanto sorprendente 14% de aceptación, por encima de algunos de los que se consideran teóricamente más juveniles (algunos de los tipos de rock, punk, etc.). Que estilos como el new age y, sobre todo, el folk/country/blues, presenten los más bajos niveles de aceptación (en compañía del jazz) puede ser debido a que su público también tienda a ser de edades superiores a las de nuestros entrevistados. No podemos dejar de señalar aquellos estilos que han reflejado una mayor proporción de quienes manifestaban que no los conocían o no los habían oído. Especialmente destacable es el 21% en la música new age y el 13% que presenta el indie-pop/power-pop/pop alternativo (variante más independiente y menos comercial del pop), porcentajes que dan mucho más valor a sus resultados. A partir de ahí, el 8% no conoce o no ha oído el rock progresivo o la psicodelia, el 6% no conoce o no ha oído el rock alternativo o grunge, y el 5% no conoce o no ha oído el reggae o el ska. El resto de géneros presentan porcentajes inferiores al 5%, y en la mayoría de los casos no se llega al 1%. Lo primero que apreciamos al observar estos resultados son las importantes diferencias que, en algunos casos, se producen respecto a clasificaciones similares aparecidas en estudios de años anteriores. Pese a que el listado de géneros del que se partía es distinto, y pese a que la manera de interrogar al entrevistado presenta matices diferentes, la comparación de los resultados en los puntos comunes aporta interesante información en dos sentidos: por un lado, de la comparación con el Informe SGAE sobre hábitos de consumo cultural obtendremos diferencias respecto a la población general; por otro lado, de la comparación con el informe Jóvenes españoles 99 obtendremos diferencias entre los propios jóvenes, además de relativas al propio instrumento de medida3. En el Informe SGAE, los géneros que presentan mayor nivel de aceptación del que observamos en los datos que dan lugar a esta investigación, son la música de cantautores (43%, por un 31% de nuestros datos) y el flamenco (26%, por un 21% de los nuestros); mientras que los que presentan porcentajes inferiores son el pop (33% por 50%), la que denominan “música de discoteca” (19%, muy lejos del 40% que tiene la música dance y el 30% que tiene la electrónica), el heavy (8% frente a 15%) y la música new age (7% frente a 10%). La mayoría de estos resultados quedarán explicados atendiendo al hecho de que en aquel estudio se preguntaba a población general, y no sólo a jóvenes. Además, la lista incluía un ítem denominado “canción española” (42%), que en muchos casos puede llegar a confundirse o incluirse dentro del pop o pop-rock, pues ofrece un abanico de posibilidades que va desde ese pop hasta la copla. Mientras tanto, en Jóvenes españoles 99, resultan mejor valorados el rock (23% frente a 20%) y el grunge (19% frente a 18%), y peor valorados el heavy (12% frente a 15%), rap (10% frente a 18%), flamenco y rumbas (3% frente a 21%) y música clásica (1% frente a 14%). Si exceptuamos los dos últimos casos, las diferencias entre valoraciones son bastante pequeñas (incluso géneros como el punk o el ska/reggae presentan porcentajes prácticamente idénticos), e incluso los dos últimos casos son explicables en base a razones que van más allá de lo que pueden ser simples modas variantes de un año a otro. El hecho de que en Jóvenes españoles 99 se diera la opción al entrevistado de elegir los tres “ritmos” que le interesaban más que el resto, seguramente ha propiciado que géneros como el flamenco (que aparecía junto a la rumba) o la música clásica, presentaran porcentajes tan bajos: independientemente de que gusten o no, es probable que, a la hora de elegir, la mayoría de los jóvenes elijan antes otros tres “ritmos” diferentes a éstos. Sí encontramos bastantes semejanzas con la manifestación de los gustos de nuestros encuestados si acudimos a los datos relativos al número de espectadores y a la recaudación de los conciertos y recitales que se producen en toda España (para el año 2001 y para la población en general)4. Así, el 34% del público acudió a conciertos de “pop-rock convencional”, estando el resto de géneros muy alejados de éste: el 9% acudió a conciertos de “rumba”, el 7% a música de “otro folclore”, el 6% a “cantautores”, otro 6% a “canción española”, otro 6% a “heavy metal o rock duro” y un 5% a “baladistas”. Atendiendo a la recaudación, la diferencia es aún más significativa: el 50% del total corresponde a conciertos de “pop-rock convencional”, por un 12% de “cantautores”, un 8% de “baladistas” un 5% de música “infantil” y un 4% de “canción española”. Al observar estos datos podría echarse en falta la aparición entre los puestos más destacados (por situarse entre los primeros puestos de preferencias) de las músicas de baile, tanto electrónicas como dance (que, encuadradas en la categoría “música disco o de baile”, presentan un 4% de asistencia y un 2% de recaudación). Su ausencia se debe, con toda seguridad, a que las diferencias que presenta en lo relativo a sus características musicales (muchos sonidos pre-grabados y elaborados electrónicamente), su puesta en práctica (normalmente un DJ que maneja unos platos, una mesa de mezclas y unos discos de vinilo) y su cultura e icono-grafía asociada (cultura de club o discoteca), propician que la idea de concierto o recital resulte un tanto alejada de la que tradicionalmente se asocia al resto de géneros musicales. Es decir, que no resultará usual que alguien que haya acudido a una discoteca, fiesta o rave a escuchar “cómo pincha un DJ”, diga que ha estado en un “concierto” o en un “recital”. En este punto resulta interesante abrir un breve paréntesis para señalar las importantes diferencias que, atendiendo a los datos de otro estudio y en lo que se refiere a su comparación con los obtenidos a partir de nuestra encuesta, parecen existir entre las preferencias musicales del público y de los músicos que elaboran los sonidos que aquéllos escuchan. En el libro Music at the Margins: Popular Music and Global Cultural Diversity (Campbell, Buck, Cuthbert y otros, 1991) se presenta una encuesta realizada entre un importante número de músicos de todo el mundo, relativa a sus gustos musicales 5. Los resultados sitúan en primer lugar al “rock”, seguido de la música “afro-americana” (que en nuestra clasificación incluye el rythm&blues, country, folk, blues, jazz…), el “pop”, el “jazz” y la música “latinoamericana”. Las diferencias respecto a la clasificación de los jóvenes españoles son evidentes, y dejan en el aire un posible desequilibrio entre las músicas y sonidos que se ofertan y demandan a ambos lados de la industria discográfica (las compañías discográficas y los medios de comunicación, por un lado, y el público, por otro), y las propuestas de una importante cantidad de músicos que, probablemente, se sitúen al margen de los mecanismos de esa industria discográfica. Dicho de otra manera, existirá una minoritaria parte de músicos que, produciendo sonidos perfectamente integrados en el mercado (pertenecientes al mercado), coparán los más destacados puestos en las ventas y preferencias del gran público, mientras una mayoría de músicos se repartirán parcelas de menor aceptación por parte del mercado, que puede llegar a ignorarlos cuando su sonido no responde a las demandas de la industria. Centrándonos en los datos de nuestra investigación, encontramos tendencias muy reseñables (tablas 5.2 y 5.3). En primer lugar, y de manera especialmente significativa, en lo referido a las diferencias entre hombres y mujeres a la hora de manifestar sus preferencias musicales. Podemos comprobar cómo, en casi todos los casos, las diferencias porcentuales entre unos y otros en lo que a la manifestación de su gusto por cada uno de los géneros o estilos musicales se refiere, resultan muy destacables. Es decir, casi para cada uno de los géneros estaríamos en condiciones de señalar (atendiendo al sexo que, de forma mayoritaria, muestra su preferencia por el mismo) si es un tipo de música mayoritariamente “de hombres” o “de mujeres”. Evidentemente, tal planteamiento resulta tremendamente simplificador y sólo pretende resaltar las importantes diferencias que existen entre hombres y mujeres a la hora de manifestar sus gustos musicales. Así, sólo en siete géneros musicales de entre todos los propuestos (veintitrés en total), las diferencias entre unos y otros son inferiores a cinco puntos porcentuales: en cuatro ocasiones a favor del hombre (hip-hop/rap, rock alternativo/grunge, rock progresivo/psicodelia, punk/hardcore) y en tres a favor de las mujeres (indiepop/power-pop, música popular o típica de su región, folk/country/blues). Si observamos la distribución de gustos entre hombres y mujeres en su conjunto, la tendencia resulta clarísima: preferencia entre los hombres por los sonidos más duros, rockeros, radicales y ruidosos, mientras entre las mujeres se prefieren sonidos más suaves, melódicos, románticos y étnicos (figura 5.1). Esta apreciación, que encaja perfectamente con los estereotipos que tradicionalmente se manejan respecto a las diferencias en los gustos y sensibilidades de hombres y mujeres (en música, pero también en otras muchas cosas), no responde más que a la simple observación de los datos que nos ofrecen los propios protagonistas. Ellos mismos son los encargados de confirmar el estereotipo con sus respuestas, algo que puede resultar paradójico a la luz de la manera en la que se manifiestan al respecto cuando el debate sobre las diferencias en los gustos de chicos y chicas se produce en otro contexto. Así, y acudiendo una vez más a la investigación cualitativa realizada con anterioridad (Megías y Rodríguez, 2001), en las dinámicas de grupos de discusión, los jóvenes trataban una y otra vez de escapar de cualquier estereotipo asociado a la manifestación de sus gustos musicales, uno de los cuales era el referido a la existencia de músicas de chicos y músicas de chicas. Gran parte del desarrollo de aquellos grupos de discusión transcurría alrededor de los intentos de unos y otras por desmontar, desde la teoría, la validez de toda esa serie de tópicos y etiquetas que ligan determinados sonidos con determinadas formas de ser, comportarse, vestirse, etc., y entre las cuales ocupaba un lugar destacado la variable género. Sin embargo, al mismo tiempo que hacían esto, no dejaban ni de proyectar esos mismos tópicos sobre otros, ni de asumir su funcionamiento social. Si a esta apreciación a nivel discursivo añadimos la constatación de los datos con los que contamos actualmente, no podemos dejar de señalar que parece cierto que, en cuanto a la diferenciación por sexos, los gustos musicales presentan tendencias claramente arraigadas: si no queremos adoptar un lenguaje políticamente incorrecto (músicas “de hombres” y músicas “de mujeres”), tampoco podemos obviar que es bien cierto que existen grandes diferencias entre unos y otros a la hora de decantarse por unos u otros sonidos, y que esas diferencias siempre se producen en el mismo sentido. Los resultados son bien claros, y especialmente relevantes en estilos como la música latina y la salsa (48% de aceptación entre las mujeres, por un 25% entre los hombres), la canción melódica y los baladistas (40% de las mujeres por 19% de hombres), o el heavy, el hard rock y el metal (21% de hombres por 8% de mujeres). Del resto de estilos, que también presentan diferencias importantes, destaca especialmente que tales diferencias tienden a decantarse bastante más por el lado de las mujeres. Así, ellas prefieren también el pop/pop-pock, los cantautores, la rumba, el flamenco, las músicas del mundo y étnicas y la música clásica (menos en los dos últimos casos, las diferencias respecto a los hombres siempre rondan los quince puntos porcentuales). Por su parte, los hombres prefieren la música electrónica y el rock’n’roll, además de los señalados con anterioridad. Figura 5.1. Géneros musicales que presentan mayores preferencias entre hombres y mujeres, respecto al otro sexo

HOMBRES                                                                      MUJERES

Electrónica                                                                     Pop

Rock’n’roll                                                                      pop-rock

rock                                                                              Latina

clásico                                                                          salsa

Heavy                                                                          Baladistas

hard rock                                                                     canción melódica

metal                                                                           Cantautores

Hip-hop                                                                       Rumba

rap                                                                             Flamenco

Rock alternativo                                                          Músicas del mundo

grunge                                                                      étnicas Indie-pop

Rock progresivo                                                         power-pop

psicodelia                                                                  Popular o típica de su región

Punk                                                                         Clásica

hardcore                                                                    country

Folk                                                                           blues

Atendiendo a la edad también se aprecian tendencias muy claras, en el sentido de que hay estilos cuya aceptación aumenta a medida que aumenta la edad, y estilos cuya aceptación disminuye a medida que aumenta la edad. Son muchos los casos en los que se cumple una de las dos premisas, lo que nos da una idea de que, cuando menos atendiendo a la manifestación de los gustos, hay géneros musicales más propicios para los más jóvenes, y géneros cuyo gusto se va consolidando con los años. A medida que aumenta la edad, aumenta el gusto por la música latina y salsa, la música de cantautores, la rumba, el rock’n’roll y rock clásico, las músicas del mundo y étnicas, el rythm&blues/soul/funk, el jazz y el folk/country/blues. La canción melódica/baladistas y la música clásica, si bien no llegan a cumplir del todo esa línea ascendente (pues los más jóvenes rompen la tendencia en ambos casos), sí es cierto que presentan el mayor nivel de aceptación entre los jóvenes de mayor edad. Por su parte, los géneros cuyo gusto desciende a medida que aumenta la edad son la música electrónica y el hip-hop/rap. Tres géneros presentan resultados menos uniformes o de explicación más incierta: el flamenco gusta menos entre los más jóvenes, pero estabiliza su gusto en el tramo entre los 17 y los 24 años; la música popular presenta una bastante sorprendente mayor aceptación entre los más jóvenes, para descender bruscamente a partir de los 17 años y volver a adoptar una tendencia creciente hasta los 24; el reggae y el ska presentan una aceptación creciente hasta los 22 años, edad a partir de la cual vuelve a descender. Observando tales datos, sí podemos intuir una explicación subyacente a tales tendencias. En líneas generales (quizás con la salvedad de algunos tipos de música latina y de la música de baladistas o canción melódica), los géneros cuya aceptación aumenta a medida que aumenta la edad, son aquéllos que tienen tras de sí una mayor tradición musical y cuyas raíces se asientan más profundamente en la historia de la música; músicas de lejano nacimiento en el tiempo (lejano para los jóvenes entrevistados) y cuyos precursores y más destacados intérpretes (cuando menos desde la perspectiva que nos otorga el actual momento histórico) resultan, probablemente, más alejados para los jóvenes entrevistados que las actuales estrellas del pop, la electrónica o el hip-hop. La comparación de las tendencias que muestra la variable edad con los datos que arroja la variable “nivel de estudios cursado”, confirma algunas de estas apreciaciones, aunque en otros casos podemos observar importantes matices. En el caso de la música clásica, el rythm&blues/soul/funk, la música de cantautores, el rock’n’roll/rock clásico, las músicas del mundo o étnicas y el reggae/ska, se cumple la regla de que a mayor edad y mayor nivel de estudios, mayor es la proporción de jóvenes que manifiestan su gusto por tales géneros musicales. Atendiendo sólo al nivel de estudios (pues no contamos con datos significativos respecto a la edad), podemos decir lo mismo del pop/pop-rock y del rock alternativo/grunge. El que en estos dos casos las proporciones resulten más repartidas que en los anteriores, y que para ambos la variable edad no resultara estadísticamente significativa (p>.05), puede venir a reforzar la hipótesis esgrimida para explicar las razones de que ciertos géneros aumenten en aceptación a medida que aumenta la edad, por cuanto el pop/pop-rock y el rock alternativo/grunge no responden a las citadas características de músicas asentadas en el tiempo y de profundas raíces (cuando menos en lo relativo a las manifestaciones de estos estilos que triunfan en las listas). Por su parte, también se cumple una lógica relación en el caso de la música electrónica (a la que se añade la música dance) y el hip-hop/rap (aunque de manera menos clara), géneros que presentan menor aceptación a medida que aumenta el nivel de estudios, de igual forma que ocurría con la edad. Tres son los géneros que presentan lo que, en principio, se podría entender cómo un desequilibrio entre las tendencias que muestran la variable edad y la variable estudios. En la música latina/salsa, la rumba y el flamenco (de forma bastante menos clara en este caso), la manifestación del gusto por ellas aumentaba con la edad, mientras, atendiendo al nivel de estudios, ocurre lo contrario (menos gusto por ellas a medida que aumenta el nivel de estudios). Especialmente destacable resulta el contraste en el flamenco y, sobre todo, en la rumba. Sin embargo, no sorprenden tanto los resultados si atendemos a los orígenes sociodemográficos de estos géneros musicales, asentados tradicionalmente en clases sociales más desfavorecidas que otras y que, en consecuencia, es probable que presenten niveles educativos algo inferiores. Ello, independientemente de que músicos o artistas que practiquen tales géneros o estén muy influidos por ellos tengan la posibilidad de llegar al gran público en función de éxitos comerciales puntuales. Por otro lado, los baladistas y la canción melódica presentan gustos ondulantes, mucho más destacados en los extremos (mayor gusto entre quienes tienen los niveles de estudio más altos y más bajos). Ello puede explicar que, pese a presentar una tendencia ascendente en lo que a la edad se refiere, se produjera un cierto repunte en los entrevistados más jóvenes. Atendiendo a la ocupación de los jóvenes, entre los parados destaca (por presentar proporciones superiores al resto) el gusto por la música latina/salsa (más de la mitad de los parados muestran su gusto por ella), los baladistas/canción melódica, la rumba, el flamenco, las músicas del mundo o étnicas, el reggae/ska y la música clásica. Es decir, todos ellos géneros cuyo gusto aumenta a medida que aumenta la edad. Resulta interesante comprobar cómo los estudiantes no sólo no presentan las proporciones de gusto más destacadas en ninguno de los géneros, sino que poseen las menores proporciones de personas que manifiestan su gusto por todos y cada uno de ellos, si exceptuamos las músicas del mundo o étnicas, el reggae/ska, y la música clásica, donde presentan porcentajes muy cercanos a los de los trabajadores (que en tales casos son quienes presentan el menor nivel de gusto). Eso sí, cuando se compaginan estudios y trabajo, destaca el gusto por los cantautores, el flamenco y la música clásica.

Finalmente, podemos observar alguna tendencia en lo que se refiere a la relación entre el gusto por determinados géneros musicales y el nivel de ingresos al mes. A medida que aumenta el nivel adquisitivo, aumenta la manifestación del gusto por el rock’n’roll/rock clásico, la música popular o típica de su región y el rythm&blues/ soul/funk, mientras que disminuye el gusto por el pop/pop-rock, la música latina/salsa y el punk/hardcore (aunque en los tres casos se observa un ligero repunte en el extremo de quienes poseen más dinero). Por otro lado, mientras el hip-hop/rap gusta más entre quienes disponen de menos de 10.000 pesetas al mes y el rock alternativo/grunge comienza a gustar más a partir de las 5.000 pesetas al mes, el caso del flamenco es curioso, por cuanto presenta los mayores porcentajes de aceptación en los dos extremos (entre los que más dinero tienen y entre los que menos). En la tabla 5.4 presentamos, a modo de resumen, algunas de las características que sobresalen de la media para cada uno de los géneros o estilos musicales considerados, si bien resulta necesario remarcar que tales características no son más de lo que pretenden, es decir, no constituyen en sí mismas el perfil de las audiencias de esos géneros musicales. A la hora de valorar el gusto por cada uno de los géneros o estilos musicales, creí- mos conveniente no sólo calibrar dicho gusto en positivo (es decir, la proporción de quienes afirman que les gusta “bastante” o “mucho” cada uno de ellos), sino también en negativo (quienes afirman que no les gusta “nada” o que les gusta “poco” cada uno de ellos), por lo que tal aspecto pudiera aportar de significativo. Esta consideración se asienta sobre la convicción de que el hecho de mostrar abiertamente un rechazo hacia uno u otro tipo de música, se constituirá en una manifestación del gusto propio tan fuerte como la referida al tipo de sonidos que sí agradan. Y no sólo del gusto, sino de la diferencia y, en definitiva, de la propia identidad, que impulsa a diferenciarte de manera clara de aquellos gustos que no sólo no encajan con la forma en que se estructuran los propios, sino que además tampoco encajan con la imagen que se quiere proyectar ante el resto de personas. Como se explica en La identidad juvenil desde las afinidades musicales (Megías y Rodríguez, 2001), gran parte de los jóvenes tienden a situarse en el mapa de los gustos y afinidades musicales a partir de la enumeración de los tipos de sonidos que no les gustan, en vez de al contrario, principalmente como consecuencia de un generalizado temor a ser encasillados en función de la manifestación de gustos propios muy concretos. Así, no es extraño escuchar entre los jóvenes frases como: “Lo que me gusta exactamente no lo sé, porque hay mucho; lo que sé es lo que no me gusta”6. En líneas generales, se observa una tendencia a que sean los géneros que tienen menos porcentajes de personas que manifiestan su gusto por ellos, los que presenten los mayores porcentajes de quienes manifiestan que no les gustan. En cualquier caso, la relación entre las proporciones de gusto y rechazo (si se permite denominar así al “no gusto”), presenta algún matiz interesante.

Tabla 5.5. Diferencias entre los que afirman que les gusta “bastante” o “mucho” y los que afirman que no les gusta “nada” o les gusta “poco” cada uno de los siguientes géneros musicales Sólo los dos géneros que más gustan (pop/pop-rock y dance), presentan proporciones superiores de gusto respecto a no gusto, siendo especialmente relevante la diferencia que presenta el pop: además de ser la música que más gusta, es la que menos rechazo presenta (sólo un 22% afirma que no le gusta “nada” o que le gusta “poco”). Mientras tanto, la música dance tiene una proporción ligeramente superior de personas que manifiestan su gusto por ella respecto a las que no, y la música latina y la salsa se mantienen en un teórico equilibrio (la misma proporción de personas dice que le gusta y que no le gusta). A partir de ahí, el resto de géneros o estilos musicales presentan mayor porcentaje de quienes no muestran gusto por ellos, aunque en algún caso más, la proporción de los que afirman que

GUSTA                NO GUSTA                     DIFERENCIA

Pop, pop-rock            50.1                       21.8                                + 28.3

Dance                       40.2                       36.1                                + 4.1

Latina, salsa              36.4                       36.6                              – 0.2

Cantautores              30.7                       48.4                              – 17.7

Electrónica               29.6                       49.8                              – 20.2

Baladistas,                29.5                       48.1                             – 18.6

canción melódica

Rumba                      21.9                      62.3                              – 40.4

Flamenco                  21.2                      64.4                              – 43.2

Rock’n’roll,                20.0                      51.3                              – 31.3

rock clásico

Hip-hop, rap             18.0                       62.9                               – 44.9

Rock alternativo,       17.6                       53.8                               – 36.2

grunge, indie-rock

Indie-pop,                16.7                       47.2                               – 30.5

power-pop pop
alternativo
Popular o típica       16.3                        65.5                               – 49.2
de su región o comunidad

Reggae, ska 1          6.2                         60.0                               – 43.8

Músicas del mundo, 15.3                        60.5                               – 45.2
étnicas

Rythm&blues,          14.9                        56.5                               – 41.6
soul, funk

Heavy, hard rock,   14.9                         69.4                               – 54.5

metal

Clásica                  13.7                         70.4                               – 56.7

Rock progresivo,    11.7                         61.8                               – 50.1
psicodelia

Punk, hardcore      11.6                         72.4                               – 60.8

New age                10.3                         48.2                               – 37.9

Jazz                       9.5                         74.5                                – 65.0

Folk, country, blues 7.3                         71.7                                – 64.4
Sólo los dos géneros que más gustan (pop/pop-rock y dance), presentan proporciones
superiores de gusto respecto a no gusto, siendo especialmente relevante la
diferencia que presenta el pop: además de ser la música que más gusta, es la que
menos rechazo presenta (sólo un 22% afirma que no le gusta “nada” o que le
gusta “poco”). Mientras tanto, la música dance tiene una proporción ligeramente
superior de personas que manifiestan su gusto por ella respecto a las que no, y la
música latina y la salsa se mantienen en un teórico equilibrio (la misma proporción
de personas dice que le gusta y que no le gusta). A partir de ahí, el resto de
géneros o estilos musicales presentan mayor porcentaje de quienes no muestran
gusto por ellos, aunque en algún caso más, la proporción de los que afirman que tales géneros no les gustan “nada” o les gustan “poco” no alcanza la mitad del
total de jóvenes: baladistas/canción melódica, cantautores, electrónica, indiepop/power-pop
y new age.
El caso de la música new age y del indie-pop/power-pop resulta diferente, pues
son dos géneros que presentan muy elevadas proporciones de jóvenes que “no los
conocen” o “no los han oído” (21% en el primero de los casos y 13% en el segundo),
algo que, con toda seguridad, altera el porcentaje de los que no gustan de
ellos: no dicen que no les gustan (o que les gustan) porque no los conocen. Por la
misma razón, habrá que tener en cuenta el 8% de jóvenes que “no conocen” o
“no han oído” el rock progresivo o la psicodelia, el 6% que “no conocen” o “no
han oído” el rock alternativo o grunge, y el 5% respecto al reggae/ska.
El resto de géneros presentan una proporción de jóvenes que no muestran ningún
interés por ellos, o cuyo interés es muy bajo, que supera el 50% del total, y
en muchos casos por mucho. Los estilos más rechazados son el jazz, punk/hardcore,
folk/country/blues, la música clásica y el heavy/hard rock/metal, todos ellos
con porcentajes cercanos y superiores al 70%, resultados contundentes y muy
significativos.
Una vez más hemos de acudir al trabajo de investigación cualitativa realizado con
anterioridad (Megías y Rodríguez, 2001), pues, una vez más y de manera muy
clara, los datos vienen a reforzar los planteamientos en él plasmados (o viceversa).
Entonces se explicaba cómo existen dos tipos de músicas generalmente rechazados
por los jóvenes, de forma igualmente clara pero por motivos opuestos: las
músicas “radicales” (punk, heavy) por representar la inmadurez de épocas adolescentes
pasadas, y las músicas “cultas” (jazz, clásica) por representar la madurez y
educación que se alcanzará en un futuro, que nada tiene que ver con el universo
de lo juvenil7. Los datos presentados parecen dar la razón a dicho planteamiento.
El caso del folk/country/blues resulta más curioso y de incierta explicación, aunque
lo contundente de su rechazo (es el que menos gusta y el tercero más rechazado)
nos conduce a plantearnos la posibilidad de que, si bien son géneros sin
excesiva tradición entre los públicos más jóvenes, es probable que la categoría en
sí misma no funcione en un cuestionario como el planteado. El más que probable
escaso conocimiento sobre el género denominado como folk, y las connotaciones
que tradicionalmente arrastra la música country, son posibles razones para que la
categoría en su conjunto presente unos niveles de aceptación tan bajos. Es más,
sin unos mínimos conocimientos relativos a la historia de la música, es probable
que no se entienda la categoría en sí misma. Quizás un simple cambio en el
orden de los géneros que la componen hubiera bastado para solucionar el problema
(poniendo primero el blues, por ser una música mucho más identificable por
la mayoría), algo que habrá de ser considerado en futuras investigaciones.

FIN
(POR FIN XD)

Posdata: si los cuadros están descolocados he hecho todo lo posible que se quedase cuadrada si no sale, lo siento.

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